Carla Lacorte, entrevista de vida

Entrevista de vida a Carla Lacorte realizada el 19/4/2018. Por Federico Barbaro.

Cuando La militancia no entiende de obstáculos.

Lacorte

Carla Lacorte nos abre las puertas de su casa para hablarnos de sus casi 17 años de lucha contra el Gatillo Fácil. Nos relata sus vivencias, su pasado, y sus influencias y acciones políticas en el marco de la actual coyuntura económica/social.

Un clima primaveral nos sorprende en pleno mitad de abril, el bajo quilmeño se tiñe entre la luz brillante de un sol colosal que encandila las viviendas de la rivera, y un cielo despejado en el que ni un celaje se divisa, más similar a un océano relajado que a un cielo costanero. Nuestro andar se hace perezoso, las cuadras se hacen largas y el calor junto con la humedad no dejan de atosigar nuestros agobiados cuerpos. Las fronteras de un Quilmes partido en estructuras de clases se observan mientras emprendemos la marcha hacia el paraje sureño del río, o como bien lo mencionan los oriundos de la ciudad, hacia la barranca quilmeña.

Por un lado, casas de origen colonial remarcan una zona de confort y estabilidad económica; por el otro, como imagen de un capitalismo salvaje, nos chocamos con la marginalidad, con la pobreza absoluta. Nuestro punto de encuentro se centra en el ecuador de esas dos escenificaciones. Solo nos queda caminar, y dentro de un silencio sepulcral imaginarnos lo que piensa el otro (mi compañero de entrevista) mientras más nos acercamos a destino. A lo lejos se observa el estadio de un viejo y reconocido conjunto de la ciudad, Argentino de Quilmes, “el mate”. Estructura que  crea un ambiente barrial y popular, alejado del desquicio metropolitano del centro de la ciudad.

En esas circunstancias bien criollas es que nos aguarda nuestra entrevistada que, a más de una calle de distancia, nos divisa para señalarnos que su morada esta apenas quinientos metros de donde nos encontrábamos. Entre risas socarronas nos saludamos de la manera más cordial posible. Los nervios se disipan una vez entablada las primeras palabras y comenzamos con los primeros y difíciles gestos de  acercamiento. Carla se muestra relajada, empática; eso nos apacigua y nos hace prever que la entrevista tomará las riendas correctas y que será, más que un estresante y difícil pasar, una charla entre amigos. Las reverencias terminan y avanzamos hacia lo que vamos.

Ya dentro de la casa,  nos reciben sus 3 colegas de hogar, de los cuales dos de ellos, sus mascotas, se aúnan y como agradables anfitriones nos dan una bienvenida más que emocionante. Sus perros la acompañan a donde ella se mueva. Mueven la cola y se le tiran encima. “Soy bichera desde que me acuerdo” Agrega Carla, “Íbamos al río  a juntar  larvas de mosquito para darle de comer a mis peces, peces que pescaba en el mismo bañado” añade mientras arranca con la segunda vuelta de mate.

Por detrás aparece su tercer y desairado compañero. Se llama Carlos, es periodistas, y es su pareja desde hace años. Nos ofrece mate y galletitas mientras nos cuenta anécdotas de su pasado como comunicador. “contales algunas de tus anécdotas Carlos” le dice Carla con una somera sonrisa. Carlos no espera y se larga a contarnos sus vivencias y experiencias de vida..

Las carcajadas logran sosegar más el ambiente. Creo que Carlos sabe, como buen periodista, que “descontracturar” la situación nos ayudará con nuestro cometido. Sentados y con la tercer vuelta de mate ya en camino, arrancamos el ida y vuelta que requiere la entrevista.

¿Siempre viviste en Quilmes?

No, no, ese es un tema que casi nadie conoce. Nací en la ciudad de  Buenos Aires,  en el Hospital Argerich; y vine a Quilmes cuando cumplí los tres años. Les cuento el por qué. Mi mamá y mi papá eran militantes de izquierda desde muy jóvenes. Cuando yo tenía un año mi viejo se fue a Chile, allá estaba gobernando el Partido Popular con Allende al frente, en esos momentos se intuía la posibilidad de un golpe de Estado al gobierno chileno, y había un montón de gente como viejo que creía en la defensa de un gobierno socialista y suramericano. Y en esas circunstancias es que se fue para el país vecino. Él estuvo en uno de los cordones industriales de Vicuña Mackenna, uno de los procesos de resistencia más importante que tuvieron los obreros en Chile, allí resistió hasta donde pudo, luego lo llevaron al estadio Nacional de Santiago donde lo Fusilaron. Su muerte fue caratulada como “enfrentamiento callejero”. Parecido a las películas… nos dice con una tristeza burlona.

Luego vino el golpe en Argentina y yéndose de los lugares donde estaban, mi viejo, que no es mi viejo biológico y mi mamá, terminaron en Quilmes.  En el año 76 nos quedamos acá, a pocas cuadras de donde es el “Pozo”. “Ya ves que la experiencia con las fuerzas represivas del Estado la tuve desde muy chiquita”, dice y ríe, mientras se acomoda el pelo que la cae sobre la cara.

¿Cuándo te entraste lo sucedido con tu padre?

Yo me entero de lo sucedido con mi viejo a los doce, once años, cuando mis hermanas menores entran al colegio, y me di cuenta que no tenían mi mismo apellido. Cuando empezaba con él “por qué, por qué, por qué”, me contaron hasta donde podían contar, decirle a un niño que a su padre lo mataron los militares, imagínate la dimensión que tiene. En realidad existía una dirección, el miedo. Cuando sitiaban el barrio y no te dejaban salir y te apuntaban con armas en la cabeza, comenzabas a comprender el mismo miedo que sentía tu vieja. Al principio, creo yo que para protegerme, me decían que mi viejo había muerto en un accidente de tránsito. Luego entrada la democracia me contaron los hechos verdaderos. Siempre tuve un tipo de cuidado que no tenían otros chicos. Mis viejos me pasaban a buscar,  no dejaban que ande sola por el barrio. En esas pequeñas cosas te dabas cuentas que no era los mismo que pasaba con tus amigos o compañeros de colegio. Luego, más grande reconstruís todas esas secuencias y comprendes un poco más a tus viejos.

¿Se hablaba de política en tu casa?

Ya entre mis diez y once años se empezaba a hablar. Antes se discutía poco y nada. Había que tener cuidado porque uno no sabía qué tipo de vecinos tenia y ellos tampoco sabían de dónde veníamos. Yo arranque con la política en la sociedad de fomento de mi barrio, arranque con el primer resurgir democrático en el año 83. Mi mamá y mi papá de crianza se movilizaban a la sociedad de fomento y yo iba a dar una mano. Éramos de los chicos que íbamos y organizábamos comisiones, ayudábamos a los más grandes. Ya en el secundario, en el primer año del Nacional de Quilmes, empiezo como subdelegada, el delegado era Carlos (su actual pareja), de ahí arrancamos a meternos un poco más en política.  Yo paré luego de la separación de mis padres y luego de un año retomé, agrega con la cabeza gacha

¿Estudiaste Veterinaria, también?

De chiquita era muy “bichera”, iba a pescar a unos bañados que había acá en la rivera, Ahí buscaba larvas de mosquito para darle de comer a mis peces, peces que pescaba en el mismo bañado –aclara mientras mira a sus perros, los  y los reta como una madre a un hijo-. Y bueno, en el quinto año me pregunté lo de todo chico/a: ¿Qué hago? En ese momento jugaba al Vóley y me llevaba mucho tempo, también trabaja de secretaria, y ¿si yo quiero ser veterinaria? ¡No era solo el estudio de una especie en particular, si no de varias! Experimentas con todo tipos de anatomía: de la aves, de los caballos, de los chanchos, explica entre risas. Esa carga de estudio me iba impedir jugar al Vóley, no iba a poder hacer otra cosa que estudiar y  trabajar. Allí me empecé a preguntar que iba a hacer.

Arranque con Educación Física en Avellaneda, pero me esquince antes de hacer la admisión. Tenía que hacer una serie de pruebas, y con una semana de anticipación a los ensayos ya estaba con la pierna para arriba, lesionada y sin poder hacer nada, ¡así que olvidate! Y encima Justo se había creado el ingreso en La Universidad de Quilmes. A mí me gustaba genética, supongo que influenciado por el hecho de de no conocer a mi familia paterna. La familia de mi viejo le echaba la culpa a mi mama de la militancia de mi viejo, pero bueno, mi papá militaba mas allá de ella, es más, se fue él allá y ella se quedo acá.

Hice tres años en la UNQ. Lo que estudiaba se llamaba Ingeniería Genética, que ahora creo que se llama Ingeniería en alimentos. Al final la carrera no me iba y decidí dejar, estuve un año sin hacer nada y resolví finalmente arrancar en Veterinaria. Como trabaja de secretaria cerca de tribunales, el CBC lo hice cerca del paseo Colon, que era un viajecito. Cuando me paso esto -añade, mientras repasa una mirada por todo su cuerpo- vivía a la vuelta de la iglesia del caracol.

Allí comienza una nueva historia en tu vida..

Así es, te detallo un poco lo previo a lo ocurrido. El semi-rápido me dejaba en Mitre y Brandsen, siempre me bajaba una o dos cuadras atrás, pero justo ese día me iba a juntar a comer con Carlos, bajé en esa esquina, hice media cuadra y -agrega con pesar- arrancamos en otra etapa distinta, una etapa de enfrentar al gatillo fácil y de verlo, porque yo ya militaba en el centro de Profesionales por los Derechos Humanos acompañando a otros familiares, sabía lo que sucedía con estos casos. Y también estaba militando en el PTS. A partir del 1 de junio de 2001  arranque una pelea con más fuerza y desde otro punto…sentada. Sentada, pero con mucha fuerza, muchos familiares me acompañaron y mucha gente se mantiene y se mantuvo 17 años acompañándome.

Desde el minuto cero es sabido que la bala vino de la policía. Salmo me disparó, apoyó la rodilla en el suelo y me disparó, me bajo de un balazo y de un plumazo caí al piso. A los cinco días, que aun nadie sabía si iba a sobrevivir o no, el Fiscal General de Quilmes decía que había sido un procedimiento exitoso el accionar policial, que eran tres tipos que estaban en la esquina de MacDonald´s y vieron que salían e internaron robar y comenzaron a disparar, y el primer disparo que se efectuó lo realizó a un persona que venía a una cuadra de distancia, parapetándose en una columna. Ese disparo fue a mí. Caí y luego empezó una lluvia de disparos, cuando logro incorporarme un pibe me dice: “agachate que te van acribillar”, atrás había un auto que quedó como un colador. Después se acercó, quien luego me enterara era  se llamaba José Ignacio Salmo, me palpo de armas y me dijo que yo era parte de los chorros. No hubo ningún tipo de trato humano sino que tuve que exigir que me trasladaran con una tablilla. Esto después de un rato largo, porque Salmo no había llamado a la Ambulancia.

El caso tomó mucha resonancia porque después de que me dispararan a mí, y luego de dejar un auto como un colador, los ladrones lograron esconderse en una casa, entonces hubo como una especie de toma de rehenes, donde la dueña de la casa salió a entregarlos. La señora declaró mucho tiempo después, en el juicio de 2004, que creía que íbamos a terminar como la masacre de Ramallo.

Yo a los veinte días estaba declarando, internada y con unos dolores terribles que no paré de sufrir durante mucho tiempo. Hoy sigo teniendo y sintiendo muchos dolores que sentí en el principio.

¿Cómo repercutió en vos todo ese largo proceso judicial?

Yo sabía lo que pasaba. El día que estaba en el piso  con la bala en la espalda sabía que había quedado paralitica, no sentía las piernas y no me podía mover.  Yo ya conocía todo el sistema impune del gatillo fácil, la impunidad de tipos que matan pibes en los barrios o la arbitrariedad de aquellos que reprimen trabajadores. Sentía que tenía más “anticuerpos” para poder sobreponerme, pero lo que más me ayudo fue la masiva movilización de la gente, el interés de importantes organismos de derechos humanos. Que Salmo en el 2014 fuera preso, fue porque se movilizo mucha gente –Comenta mientras que con la mirada parece recordar el pasado-.

Los recuerdos parecen aflorar mientras llegamos al final de la entrevista. Carla no deja de señalar que se la aparecen imágenes que ella ya había olvidado. Nos culpa a nosotros de manera cómplice. Nos señala como responsables de aquello que permanecía escondido en el inconsciente. Se entristece, pero al mismo tiempo toma el valor necesario para continuar con su historia de vida.

¿Te sentís referente de otras víctimas de “gatillo fácil”?

Sí, mucho. La mejor defensa de estos casos es la organización y la unión con otros mismos procesos. Tené en cuenta que es muy difícil denunciar este tipo de delitos. A mí me vinieron a visitar a las 12 de la noche a mi casa en el día que salió que la balística era de Salmo. Solo uno de cada tres casos se denuncia.

Luego, bajo un ruido caótico de colectivos que avanzaban sobre la avenida enfrente de la casa, se hizo un silencio de 10 segundos. Carla nos cuenta, bajo lagrimas y una congoja difícil de disimular, el caso de un chico victima de de una bala policial.  Había un pibe que la madre lo llevo a la comisaría porque tenía una fuerte adición al paco, explica Carla notoriamente angustiada. En esa semana se lo mataron adentro de la comisaría. Imagínate el grado de estigmatización que tienen los pibes pobres. Ellos no importan, a nadie les importa.

Pareciera que la emoción que demuestra Carla retrata un poco de sus sentimientos internos, de sus recuerdos del pasado y sus paralelismo del presente. Saber que mientras hacemos la entrevista, 19 de Abril de 2018, le están por otorgar nuevamente la libertad a José Salmo no debe ser un suceso fácil de digerir. Sin embargo, y a pasear de la nostalgia de sus recuerdos, la notamos con la cabeza levantada; y esa entereza nos grafica un alma superada. Esa fuerza y ese coraje  nos hace sentir dichosos de quien tenemos enfrente. Ella nos demuestra que la lucha no se abandona y ya el lunes estará de vuelta en la calles donde se movilizaran al Juzgado de Ejecución Penal de Quilmes. Como referencia a la famosa canción del cantor Pablo Milanés. Allí estará, en las calles nuevamente”, reclamando por el encarcelamiento de su victimario, José Salmo.

 

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