Macri-sismo, la caída tecnócrata

Macrisismo

En medio de la alquimia de esta insalubre política argentina, me toca la suerte (o no tanta), de redactar sincrónicamente sobre macrismo en tiempos de macrismo. Esa maldita suerte de escribir sobre la pauperización sistémica que sufrieron nuestros compatriotas en tres años de nuevo neoliberalismo. Escribir entre los vaivenes de una ruptura de los sistemas políticos tradicionales que dejaron de dar respuesta a aquellos imposibilitados de vivir dignamente sin la ayuda de un Estado presente. Escribir sobre una situación de crisis terminal que hace florecer viejas nuevas formas de hacer política, dónde la sociedad se agotó de un modelo de minorías esquilmando toda posibilidad de quimioterapia económica.

Es que la historicidad política argentina está lleno de hitos (en su mayoría pervertidos de toda grandeza épica), bañados de idiosincrasia criolla, de esa “parte” típicamente argenta que hace de las cosas únicas, fuera de toda relación y vinculo con el afuera. Esa dialéctica ideológica entre los “peronismos” y “anti-peronismos”, entre matrices políticas que se sostienen bajo la existencia de su antagonismo. Y si nos ponemos en modo disruptivos, es la discusión que se desintegra entre los nubarrones crípticos de sinrazones adulteradas por los instrumentos del “socius” capitalista: medios de comunicación panfletarios de un oficialismo envalentonando por sus propios adherentes adoctrinados, o también, por el sistémico apoyo de la geopolítica  anunciadora de pánicos a partir de la “venezolanización” de la región, “apologetas” de un sistema pro-mercado. Claro, de la boca para afuera..

Si bien la hoja se tiene que llenar auspiciosamente de tinta, aunque sea esquematizando y narrando cronológicamente -y en hechos históricos de sucesos no positivos-, como diría cierto topo de origen popular, dejaría un sin sabor para los lectores que disfrutan de la coyuntura (en términos analíticos claro esta), pero que también se preocupan por el devenir y el presente socioeconómico del país. Sería correcto decir, entonces, que escribo sobre el final de Macri en términos de política nacional. Un final presuroso, implosivo y que deja huellas calamitosas en la política antiperonista argentina, pero que sin embargo terminó por unir (¿para desgracia de la burguesía nacional?) al mismo cuadro que intento derrotar, dejándolo con fortaleza de hierro para enfrentar el cataclismo social que resigna un partido impúdico, que dentro de una “literalidad” espasmosa, dejó todas las variables económicas peor de las que las encontró.

En una coyuntura de profundo conflicto ideológico, donde se renuevan viejas posturas de pensamiento conservador que, vendidas como nuevas conceptualizaciones económico-políticas, resurgen a través de la manipulación lingüística y que a su vez esas  se inmiscuyen como verdades incuestionables (dogmáticas) dentro de parte de la ciudadanía, “modelando” posturas que se construyen  a partir de una ingeniería del convencimiento y que se formula desde constantes tergiversaciones de sentidos, de implicaciones cínicas del sentido común y de confabulaciones paranoicas de determinados concepciones políticas que no estén alineadas al capital financiero mundial. Es así que los “sofistas globalizados” impusieron viejas teorías como nuevas recetas de bienestar nacional. Proyecciones mitómanas que necesariamente serán revisada (y analizadas) ya desde una perspectiva de tiempo por fuera de este presente quejumbroso.

Pero el macrismo, gobierno de tecnócratas que aspiran al merito moral, sucumbe a altas velocidades y no se da el tiempo de “parar la pelota”. La caída termina siendo más que dolorosa y la crisis se descubre como un poderoso cataclismo que se lleva todo por encima. Si bien el mes de agosto del año 19 será recordado como el que puso final al Gobierno de cambiemos, no en términos literales pero sí en cuestiones de gobernabilidad y legitimidad, el macrismo se acabó una vez que las PASO dieron su veredicto. El porcentaje en votos de más de 15 puntos de diferencia (escrutinio general finalizado) fue un sismo para coalición aliancista de la Unión Cívica Radical (UCR) y Propuesta Republicana (PRO). Esa abultada ventaja de la oposición peronista no estaba en los planes de los jefes de propaganda electoral del oficialismo. Ese aparato dirigido por el “durabarbismo” y el “marcopeñismo” no auguró la pérdida y exilio de votantes de las clases sociales más endebles que estaba y estuvo sufriendo el presidente estos últimos meses; y esa falta de efectividad causó una grieta de magnitudes dentro del partido que, como consecuencia, hizo colapsar las bases ideológicas intrínsecas del gobierno.

Parece fácil señalar que habrá rupturas dentro del gobierno si entendemos que son cuestiones propias de la disciplina política. Cuando el poder se ve sometido y desnudo ante las decisiones de los votantes, queda estupefacto y con gran pánico de su devenir inmediato. Es que son problemas que se vislumbran dentro de un futuro consecuente y asociado con lo que la historia argentina nos relata. Es por eso que se presumen una inminente deserción de cuadros gubernativos que querrán salvaguardar su capital político. La UCR “separatista”, o varios de los espacios de poder aliados a Cambiemos, ya mostraron su grieta o desplazamiento: Empresarios como Galperín, CEO de Mercado Libre (ya se mostró con Alberto Fernández), varios periodistas y otros tantos actores de poder comenzaron a ser mucho más critico que tiempo atrás. Tiempos de cambios políticos..

Pero estamos en momentos de nuevos formatos gubernativos, y el republicanismo vernáculo y afianzado por la vulgar propaganda alienada de los medios de comunicación nacionales, se limita en la periferia democrática demarcándose de las necesidades de la gente y enalteciendo cuestiones puramente estéticas propias del republicanismo norteamericano. Sin embargo, esa parafernalia no funcionó y la realidad termino por cachetear al gobierno de Cambiemos, que ante semejante revés electoral hizo descontrolar la estructura ejecutiva de su propia alianza, dónde sus principales referentes perdieron la calma. Es que Abatido por el resultado de la PASO (Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias) y las consecuencias económicas derivadas de tal magro resultado, Mauricio Macri salió enfurecido a “aclarar” que los resultados de las PASO son consecuencias irrestrictas de la suba del dólar, de la suba de las tasa y la caída record de la bolsa son. Culpando al Kirchnerismo de la poca credibilidad que genera en los “mercados”, el residente se despegó de la responsabilidad de su gobierno. Preocupante análisis del primer mandatario.

Parafraseando la metaforota del hundimiento del barco dónde de las “ratas huyen”, habría que espera -y observar- si es análogo al Gobierno aliancista (PRO–UCR). Todo parece estar dado para que ese férreo unionismo, que caracterizó al actual gobierno, se empiece a romper mucho más apresuradamente de lo que se pensaba, el apoyo (casi incondicional) de varios de los sectores de poder (que tenían previo a la elecciones del 11 de agosto) pareció evaporarse en un suspiro: ya ni los medios mas alineados apoyan, ni tampoco su valuarte mas preciado de los “Mercados”. ¿Implosiona Cambiemos antes del 10 de diciembre? Eso va a depender mucho de cómo la política y la economía se afecten una con otra estos tres meses de gobierno (octubre – diciembre).

Por otro lado, está la pantomima de los de afuera, ese “apoyo” geopolítico del cual se vanagloriaba cierto sector del gobierno y que se expresaba bajo la repetida frase “volvimos al mundo”. ¿A cuál preguntarán algunos? ¿Al mundo donde los mercados se cierran en defensa de la industrias locales? ¿En el que el conflicto arancelario entre EEUU – China afectan las economías subdesarrolladas? ¿O a ese mundo fáctico de especulación financiera que se alimenta de las endebles economías regionales? En nuestra eterna bondad, nos acogemos al ideal del gobierno, ese “Mercado” benévolo importador de inversiones y motor en la creación de empleos de calidad. Sin embargo, en ese régimen “quimérico” e “ideal” no alcanzo las expectativas generadas, sino todo lo contrario.

Los dólares otorgados por el FMI (Fondo Monetario Internacional) distaron de ser beneficiosas para la “patria” y  las posturas tomadas por Bolsonaro y Donald Trump no alcanzaron para darle un envión electoral a la flamante formula Macri – Pichetto. Además, la situación de co-gobierno con el candidato a Presidente por el Frente de Todos, Alberto Fernández, pone de manifiesto que la elección del pasado 11/8 dejo en situación de extrema vulnerabilidad al oficialismo. Podemos afirmar que se aventuran nuevos horizontes políticos en la Argentina venidera y que, el poder político, transpoló de cambiemos al peronismo.

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