Ciencia entre cuatro paredes

Ciencia

Una vez más nos encontramos con la necesidad de hacer ciencia, ciencia verdadera. Hoy vinimos al C3 (Centro Cultural de la Ciencia) a buscar respuestas, o al menos a encontrarnos con lo verdadero de la disciplina científica: Frustración y búsqueda constante de una verdad relativa. Una verdadera carrera contra el tiempo.

Fuimos detectives por un rato, y nos hicimos lugar  en las investigaciones pertinentes para salvar nuestra dignidad como comunicadores sociales. quisimos resolver un enigma, ¡nos necesitaban! ¿Seríamos capaces de salvaguardar las premisas primeras de una investigación? La realidad nos podrá en su lugar y la ciencia nos demostrara su crudeza, su peor cara.

¿La trama? sencilla, en un breve lapso de tiempo teníamos que resolver una serie de acertijo para poder salir victorioso de la “cámara”. Esas trampas deberían resolverse a través de procesos lógicos y en continuidad de resultado análogos. Ciencia Vs. Hombre. Toda una batalla

Nuestro grupo denominado “traidores nunca” ingresó timorato hacia la entrada de la cámara, nos dieron míseros 45 minutos para resolver el tema. ¡Si nos hubieran dados  diez minutos más!, en fin, es lo que había. Arrancamos como una tromba, ¿fueron, acaso, los primeros minutos nuestros mejores momentos? les confirmo que sí, sin lugar a dudas. No necesitábamos ni de ayuda ni de tiempo. Parecíamos profesionales de la investigación, discípulos de Sherlock Holmes, bueno, tampoco para tanto.

Las explicaciones de nuestra guías fueron sencillas, solo tres pistas, ni más ni menos. A partir de allí dependíamos de nosotros. Esa autonomía nos generó malestar, ansiedad, y la intranquilidad, poco a poco, fue acaparando la escena. Los minutos pasaban, y a pesar de que íbamos encontrando soluciones, los “parates” cada vez se hacían más intensos. Las dudas comenzaban a reinar en la sala. ¿Pedir ayuda? fuimos bastantes orgullosos para eso.

El tiempo, vuelvo a repetir, pasaba velozmente y nuestro enemigo se hacía cada vez más visible, eran ellos, los armazones de hierros quienes interrumpían nuestro escape. Hablo de los candados, quienes poco a poco comenzaron a ser un serio problema, ¡se revelaron ante nosotros! Y encima, para nuestro desgracia, “descubrimos” que actuar bajo presión no era lo nuestro, de ninguno de nosotros,  y eso al final terminó costándonos caro.

Miro el reloj con cierta timidez, como si esa vergüenza me daría un poco más tiempo. Falso. faltaban 15 minutos y nosotros ni siquiera teníamos resuelto la mitad del juego. El miedo mutó, se transformó en pánico y desesperación. Ingresamos en una vorágine que en lugar de mejorar nuestras expectativas terminó por condenarnos al fracaso. Se veía venir la debacle.

¿Qué hacer? Ni las pistas funcionaban, ¡ni siquiera la lástima! Solo había que dejar pasar el tiempo y asumir la derrota. La ciencia nos estaba cacheteando, nos estaba propinando una paliza. ¡Qué bárbara es la ciencia! Camino sinuoso si los hay, de frustraciones continuas y severas. Es una empedernida emprendedora de desilusiones, capaz de socavar al más estoico y curioso buscador de verdades. Bravísima.

A punto del pitido final el grupo se empezó a “pinchar”, la desilusión se notaba en los rostros y  una visible mueca de rendición se dejaba entrever en la cara de la profesora, quien insospechada de brindarnos “ayuda” intentaba, al menos, darnos ánimos. En esos instantes de vergüenza colectiva sonó la chicharra, un ruido melancólico que nos indicaba que habíamos fracasado en nuestra intentona escapista, que nuestra experiencia fue trunca, ¿Absurda? no lo sé ¿No es acaso la ciencia absurda?, o mejor dicho, ¿no es la ciencia un asomar a los desconocido? ¿no son más los errores que los eurekas?

Prefiero quedarme con la sensación y tranquilidad de que fuimos parte de un proceso y método científico. Nos sumimos en una experiencia real y llena de matices programáticas que lograron en nuestra conciencia una visión más  verdadera del quehacer científico. Lo intentamos, no se pudo,  Fuimos originales  Quizás en la próxima lo logremos, pero ¿qué tan cerca estaríamos de la ciencia verdadera?

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