El macrismo resiste en la trinchera mediática

Por Federico Barbaro.

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25 de octubre de 2018. “Mapeando” la política criolla.

La alianza Cambiemos rompió con la moderación y “primerió” al peronismo en su camino hacia la reelección. Rodríguez Larreta, alias “Geniol”, aclaró que el oficialismo irá por la ratificación en 2019 y no desestimó que Macri se presentara como primer candidato presidencial

Bajo un panorama de incertidumbre política, el anuncio de un Macri 2019 busca dar un golpe de timón a lo política nacional dentro del espacio Cambiemos, pero también, desviar las cataratas de críticas que está recibiendo en términos económicos, políticos y sociales. Una de los principales cuestionamientos y contrariedades que está atravesando el tercer gobierno radical – así lo define el reconocido periodista y escritor, Asís Rocamora- es el “no arranque del motor económico”. Es por eso que con el consumo en caída libre y el aparato industrial trabajando en un 60 % en promedio, varios son los economistas que avizoran un futuro oscuro, similar al 2001. No es extraño, entonces, que se estuviera hablando de posibles cambios en el Banco Central y de posibles viejas novedades en el ministerio de Hacienda. ¿Se va Dujovne y entra un viejo conocido?

Las tarifas, el alquiler y los alimentos, aumentaron exponencialmente estos tres años y muy por encima de la inflación que pronosticaron las consultoras. La inflación de 2017 fue del 24 por ciento y en 2018 no se espera que baje de los 45 puntos, muy por arriba del 15 que pronostican los economistas de La Rosada. Esos “impensados” desbarajustes impactan de lleno en el salario del trabajador y hacen que Mauricio Macri tenga varios frentes abiertos. Ni los más liberales le creen, ni tampoco los sectores de la centro izquierda. Queda flotando en un mar de incertidumbre que provoca seria desconfianza en las fracciones que le dieron su apoyo en el balotaje de 2015. La clase media, la cual le dio su voto de confianza, no una vez, sino dos veces, ahora es la que más le reclama al Gobierno. Pero tranquilo republicano, Duran Barba siempre tiene un as bajo la manga, ¿O no?

A pesar de las malas perspectivas económicas, Cambiemos se juega el todo por la habilidad de establecer la “herencia” como principal caballo de batalla político/comunicacional, detalle que le fue fundamental para su victoria pasada. En términos eleccionarios,  el Gobierno y sus asesores entienden que, si Macri tiene apoyo electoral, no es por lo que hizo sino por lo que se espera que haga. Esa “esperanza” parece desvanecerse luego de casi 3 años de mandato. Y los principales operadores –judiciales y mediáticos- dieron cuenta de ellos y actúan en consonancia: Los medios ocultando información e instalando temas de debate que se alejan de la realidad política y económica del país; y el poder judicial hace de las suyas, encarcelando o llamando a indagatoria a todo aquel que sea “enemigo del régimen”.

Pero no sólo en lo económico el Gobierno atraviesa una aparente tormenta infranqueable, en lo judicial no logra restablecer su principal herramienta estética, la transparencia. Nicolás Caputo, importante empresario argentino y amigo intimo de la familia Macri, está teniendo serias dificultades con la justicia. Nicky, como lo llaman sus íntimos, está acusado de de quedarse con la mayoría de las licitaciones de obra publica en la gestión del PRO (Propuesta Republicana) y acusado a su vez, por una serie de omisiones maliciosas en lo que respecta  al manejo de fondos de inversión en las Islas Caimán. “Los Panamá Papers” revolotean por el mundo empresarial argentino, y no es de extrañar que termine rebotando en la política nacional. La mayoría de funcionarios del gobierno vienen del sector privado y el conflicto de intereses se observa como posibilidad contundente de la comunidad política.

Cambiar el panorama político y la agenda mediática será primordial para salvaguardar la imagen en caída del Presidente. Los errores de “comunicación”, como le gusta llamar al gobierno a los horrores políticos, le están costando imagen positiva al Presidente, la cual ya esta llegando por debajo de su Ecuador. 34, % de valoración positiva es lo que sondean las últimas encuestadoras, claro detrimento del 72 por ciento que tuvo a principios de 2016. Una ventaja: La oposición sigue dividida y sin afirmarse de cara a un 2019. El justicialismo necesita imperiosamente de un campo popular unido para derrotar al nuevo liberalismo argentino.

Con el actual horizonte político, el “macrismo” no tendría de qué preocuparse. Es cierto que el peronismo sigue siendo el principal actor político del país, pero también es certero afirmar que, como están dadas las condiciones de la actual armado administrativo, difícil será verlos unidos, y aun mas con la paradoja de que: Sin Cristina no ganan y con Cristina tampoco. Será menester idear un plan de implementación donde los sectores confluyan y construyan unidad, olvidando viejos rencores y recelos. Por ahora el macrismo fue mas vivo y aventajó a su competidor de cara al 2019.

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