La integración política latinoamericana de los siglos XIX Y XX

Por Federico Barbaro.

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Siglo XIX

Divididos, los nuevos Estados independientes, y los próximos a independizarse de América latina del siglo XIX, quedaron bajo un manto de debilidad frente a las potencias centralizadas europeas.  Respecto de esta situación, el concepto de integración se hacía cada vez más presentes en el sur y centro de la América post colonial.  Al no existir las actuales fronteras nacionales, la idea de Nación, desde México a Argentina,  correspondía a un sentimiento de americanidad, por ello, Luego de la ruptura del vinculo colonial, se comienza a manifestar la necesidad de apelar a una unión americanista en pos de consolidar y fortalecer las emergentes y frágiles  independencias Hispanoamericanas.

Como antecedentes de estas homogéneas formaciones populares e integracionistas,  debemos enmarcar las nacientes corrientes políticas que comenzaron  a surgir para diferenciarse, en este caso, del americano-peninsular al americano-español. En consecuencia, la posibilidad de confederación en defensa de lo nacional, planteada por varios protagonistas de la historia, se vieron también disociadas por diferentes matices. El unionismo e integracionismo fue política de muchos líderes populares americanos, como por ejemplo; el Radicalismo agrario, el radicalismo urbano y el caudillismo, que son algunas de las vertientes más importantes  y nacientes de aquellas coyunturas.

Los nuevos procesos de emancipación de España se llevaron a cabo a partir de alianzas complementarias más allá de una centralidad provinciana. Este “frente americano de alianzas”, en beneficio de las luchas independentistas,  fue madurando poco a poco. Los líderes como San Martín o Bolívar, veían en esta integración una fortaleza frente al enemigo español, pero al mismo tiempo, esta concepción, se corrompía por problemáticas de origen localista, ya que  varios líderes regionales no estaban de acuerdo con esa idea de “crear algo más amplio o más grande”, un ejemplo de ello es el conflicto que Bolívar tiene con los líderes locales Santander o Mariño (con respecto  a la creación de la Gran Colombia). En síntesis, la discusión se basaba entre los que creían necesario la construcción de una “Patria Grande” para una mayor y más confiable defensa de los intereses americanos,  y los defensores de la “patria chica”, con el argumento de que estas nuevas naciones iban a consolidarse políticamente mas rápido y no tendrán el peligro de una posible fragmentación futura.

“Es una idea grandiosa pretender formar de todo el mundo nuevo una sola nación con un solo vinculo que ligue sus partes entre sí y con el todo. Ya que tiene un origen, una lengua, unas costumbres y una religión, debería, por consiguiente, tener un solo gobierno que confederase los diferentes Estados que hayan de formarse” Simón Bolívar, (Carta de Jamaica, discurso de La angostura)

La ideología bolivariana  se enmarcaba por un acercamiento a las políticas inglesas,  por un fuerte anti-separatismo político y por una ferviente posición anti-estadounidense,  pero, por sobre todo,  consideraba de vital importancia a las fuerzas populares, ya que para Bolívar los poderes subalternos son necesarios para la independizacion de los sectores todavía subyugados por la corona española.

No sólo Bolívar tenía una concepción política de unión hispanoamericana, otros intelectuales independentistas también pensaban en dicho proceso federalista , por ejemplo, Bernardo de Monteagudo escribió un tratado de cómo podría realizarse una confederación  hispanoamericana, donde postula la idea, dentro de una coyuntura conflictiva[1], de conformar una gran unión de naciones a partir de un poder centralizado con el objetivo de consolidar una fuerte soberanía americana en pos de hacer frente al peligro externo.

La idea de crear una gran Nación ya se planteaba desde la época de Francisco de Miranda. Pero el primer paso efectivo hacia la unidad latinoamericana fue el Congreso de Panamá convocado por el Libertador Simón Bolívar desde Lima.

Puntos destacados del Congreso de Panamá, 1826.

Como bien se mencionó anteriormente, unos de los principales objetivos de este congreso era la defensa militar contra naciones extranjeras, “La convención de contingentes” se enfoca en la estructura militar de cada país y la cantidad de soldados que, según su demografía, debían aportar. (Estructura defensiva Hispanoamericana)

Participantes: El principal conflicto de este congreso fue la convocatoria de las diferentes naciones, las cuales generaron tensión entre los Estados Participantes. Las relaciones respecto a Estados unidos eran diversas; Santander, representante de la Gran Colombia optaba por considerar la participación del país del norte, mientras las provincias unidas del sur optaban, por un tema comercial, la alianza con Inglaterra. (Miramiento estratégico político con el afuera).

Comercio confederado. El comercio confederado, punto tratado en el congreso de Panamá, opta por el tratado comercial entre los Estados aliados y confederados, que luego termina malogrando, ya que se impuso el individualismo nacional por el manejo de las concesiones comerciales.

Paz con España y cuestiones territoriales: Fuera de estos conflictos estratégicos, los temas a tratar en un primer momento fueron, primero, la cuestión de la paz con España que, luego de idas y vueltas por cuestiones de indemnizaciones y alianzas comerciales, quedó trunca. Otra  cuestión fueron los límites geográficos, en relación a conflictos de territorio en México, Colombia y Perú[2].

Arbitraje internacional:  Unos de los puntos más importantes fue la discusión sobre el arbitraje  internacional respecto de disputas internas y externas de la confederación. (Invitación a EEUU e Inglaterra como garantes externos).

La mayoría de los desacuerdos giran en torno a las relaciones y alianzas comerciales con los países externos de la región, sobre todo Con los Pro estadounidense y los sectores pro Ingleses. Bolívar consideraba a los EEUU una falsa representación de libertad democrática, ya que era uno de los países con mayor cantidad de esclavos, mientras que consideraba a Inglaterra como modelo político a seguir (conflicto con Santander). Estas disimilitudes entre los líderes regionales hicieron que  este primero congreso de Panamá fracase rotundamente. A pesar de estos acontecimientos, la idea americanista de unión no desaparece, es más, va a dejar un germen para los futuros protagonistas que en las próximas décadas harán renacer el pensamiento  unionista bolivariano para que siga ramificándose por todo América latina.

Siglo XX

Bajo la coyuntura de un nuevo modo de relaciones de producción  a partir de la revolución industrial, las economías de las naciones dieron un giro radical en su modo de acumulación. Las migraciones internas de los sectores rurales a los sectores urbanos[3], la proletarización del campesinado y la estandarización de la producción, produjeron grandes cambios, no solo económicos, sino también políticos y sociales. América latina también se vio afectado por ello, los cambios productivos modificaron de base sus políticas comerciales ingresando a un circuito económico de tintes más internacionalistas.

Esta reconfiguración del orden mundial trajo consigo nuevos actores y nuevos roles de las potencias mundiales, Inglaterra deja de ser la nación más influyente en la economía latina  para darle  lugar al país del norte de América como una nueva potencia emergente.

A finales del siglo XIX, Estado Unidos,  impone su dominio político, económico y social a lo largo todo el continente americano. Esta nueva fase del capitalismo, denominada imperialismo, afecta directamente las soberanías latinoamericanas, y por eso comienza a emerger un profundo sentimiento anti-imperialista en el continente.

El proceso de dominación estructural estadounidense, transformando a las naciones americanas en Estados “neocoloniales”, trajo críticas de varios  pensadores desarrollistas, ya que consideraban la dependencia política como factor predominante del atraso económico, cultural y social de una Nación, en este caso, subyugada o subordinada. (Críticas a los dependentistas)

Dentro de este contexto de conflictividad, Varios intelectuales latinos, influenciados por corrientes europeas, repiensan las relaciones de Estados unidos con América latina, encasillando al país del norte como el enemigo, el sometedor, el agresivo.  Entendiendo al imperialismo como el nuevo adversario a enfrentar.

Luego de la primera Guerra Mundial y el acontecimiento de la revolución de Octubre, se va consolidando un pensamiento fuertemente antiimperialista y anticapitalista en la región, reviviendo la vieja idea (bolivariana) de unión  frente a una amenaza externa. Hay que aclarar, también,  que el peligro no solo era externo, las influencias políticas  internacionales fueron forjando un capitalismo expansivo en el interior mismo de latinoamérica, desarrollando, lentamente, oligarquías dependientes del capitalismo americano que producen desbarajustes internos y estructuraciones desiguales del desarrollo, dejando regiones totalmente aisladas/subdesarrolladas.  Este esquema modifica las relaciones con el afuera, sobre todo, las relaciones capitalistas con los potencias emergentes.

Según Haya de la torre (político e  intelectual marxista), en sus inicios, la primera fase del capitalismo en latinoamérica fue un proceso de expansión relativa del capital, entendiéndose que previo a ello ya existía un formato de relaciones económicas pre-capitalistas. Esto hace que tenga una serie de especificidades, y que el socialismo, según el autor,  tenga que modificar su faceta de lucha. Por eso,  Una de las cuestiones que se plantea, es el tipo de revolución habría que hacer. Su viaje a la URSS lo hizo darse cuenta que la revolución tendría que ser completamente diferente a la que allí ocurriera; y creía que el hundimiento de este nuevo orden, político y económico, será a partir de una lucha nacional antiimperialista y regional.  Postula, además, la idea de concepción americana como indoamericana, entendiendo a lo latino en  unión con lo indígena. (Indoamericano).

Varios fueron los frentes organizados que se comenzaron a desarrollar con la intención de traspasar las fronteras nacionales. El APRA (Año 1926), por ejemplo, fue parte de la construcción del partido comunista peruano con intención de ramificarse por toda la región. Previo a la alianza popular revolucionaria americana, hubo otras organizaciones con similares intenciones, en el año 1921, en México, se crea uno de los primeros congresos internacionales estudiantiles[4], tres años después, en 1924 surge, en puerto Rico, el LDALA (liga anti-imperialista de las Américas), un año después, en Argentina, se consolida la ULA (La unión latinoamericana), el cual fue un congreso de intelectuales en pos de la integración conjunta del continente.

Estas organizaciones no surgen por casualidad, el contexto político y social hacen factibles el accionar de grupos organizados para consolidar la defensa de intereses colectivos afectados por amenazas internas como externas. No es de extrañar que en los años 20 y 30, cuando ya existía una masa campesina explotadas al servicio del capital, surgieran insurrecciones, como por ejemplo, la campesina-indígena (zapata).

Estos movimientos campesinos fueron parte contundente de este nuevo formato histórico. Dentro de la dominación capitalista económica, los sectores más castigados bajo el sometimiento de los “señores de la tierra” no iban hacer otro que las áreas rurales. La subordinación de los trabajadores bajo el capital extranjero (empresas estadounidenses) fueron caldo de cultivo para la organización de estos nuevos actores,  Las bases importantes de lucha, debido a la fuerte presencia norteamericana en el continente, se mezclaron con los conflicto internos por la peticiones de reforma agraria en países como México[5] y Perú. Estas “luchas de clase”, anticapitalistas y anti imperialista se van a extender por todo el proceso del siglo XX y a lo largo de toda América.

Los movimientos obreros y estudiantiles van a ser expresiones de las mayorías explotadas latinoamericanas, terminando en surgimiento de gobiernos populares de ideologías “izquierdistas”, caso de la Argentina peronista o el caso del gobierno popular del Brasil Con Getúlio Vargas.

Como conclusión, podemos soslayar que las formas de lucha frente a la amenazas externa, tanto en el siglo XIX y siglo XX, no fueron de otra manera que en colectivos organizados, sabiendo que la posibilidad de defensa individualista iba a ser fácilmente disipada. Los sistemas comerciales y económicos son los que van a regir las políticas de las naciones, por esta razón los conflictos enmarcados en estos dos siglos van a ser, salvo pequeños matices, bastantes parecidos.  Las cuestiones defensivas a favor del capital interno sigue siendo, hoy en día, una lucha de intereses que aún siguen poniendo en cuestión la idea de unión e integración que proponía ya a comienzos del siglo XIX Simón Bolívar.

[1]En 1820 se vivían momentos de democracias débiles y conflictos internos que podrían hacer posibles nuevos intentos de reconquista por parte de las potencias europeas.

[2] Los mexicanos buscan reforzar sus reclamos por Chiapas. Colombia por su lado intenta recuperar la costa de Mosquitos, y los peruanos reclaman el sur de Colombia antes territorio del alto Perú.

[3]  La aparición de nuevas maquinas de producción masiva hicieron elevar  la demanda de mano obra. Como consecuencia, los sectores de las regiones rurales migraron de forma masiva a los centros urbanos.

[4] Con ocasión del Centenario de la Independencia de México, se realizo, en Septiembre de 1921, el Primer Congreso Internacional de Estudiantes, convocado por la Federación Mexicana.

[5] En 1910 los grandes propietarios terratenientes constituían una oligarquía que dominaba el país. La revolución de Emiliano Zapata terminó con esta situación, ya que accedió al poder con la consigna del reparto de la tierra

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