Economía y economistas

Por Federico Barbaro

 

Macri-Liberales

Con el aumento de la moneda estadounidense en lo que va de 2018, o mejor dicho, con la devaluación de la moneda nacional, economistas de variopintas ideológicas salieron a dar su parecer. Caracterizaron las posibles consecuencias financieras y determinaron el costo político del gobierno macrista.

 

El desfile de “monetaristas” por las pasarelas televisivas constata –no sólo la incertidumbre que genera el Gobierno en políticas económicas- sino también, el riesgo y la fantasía de una eventual crisis política y social como la acontecida a finales de 2001.

Esa incertidumbre se ve reflejada en las inquietudes gubernamentales. El macrismo acostumbrado a hacerse medir luego de aplicar medidas de lineamientos antipopulares, notó una importante baja en la imagen positiva de su máximo referente, Mauricio Macri. La encuesta realizada por el Centro de Estudios de Opinión Pública (CEOP) reveló que la imagen del Presidente decayó alrededor de 16 puntos y ya acumula 64 puntos de baja en su perfil. Una eventualidad incómoda para el oficialismo ya que su estructura política se mantiene erguida gracias a sus eslóganes de campaña y medios de comunicación adictos.

Nadie en el oficialismo avizoró el tan pronunciado descontento social. La reforma previsional trajo consigo consecuencias inmediatas en el alza del dólar, que en tres días tuvo un auspicioso aumento determinado en casi un 10 por ciento del valor del peso y puso en apuros al Gobierno Nacional, quien tuvo que salir a dar una conferencia de prensa de manera inusitada a pocos días de terminar el año.

La devaluación de la moneda nacional representa un fuerte impacto en la economía popular, sobre todo en los sectores medios y bajos de la población que no ven reflejado el aumento de los bienes de consumo en su salario. Este acrecentamiento precipitado afecta directamente a los alimentos, los créditos hipotecarios y electrodoméstico, y por consiguiente, produce una merma en el consumo que a su vez influye en la baja de la actividad productiva. La economía se sumerge un círculo vicioso de la cual no puede salir, generando más déficit fiscal y mayor endeudamiento.

La incertidumbre es la madre de la coyuntura. Por eso el oficialismo se ve obligado a salir a dar explicaciones que, lejos esclarecer la situación económica del país, genera confusión y caos en la población (que se refleja directamente en los mercados): Corrida del dólar, devaluación, escasa inversión y déficit comercial y fiscal.

Con todo este panorama es que salen economistas de todos los sectores habidos y por haber a dar sus puntos de vista. Hoy son las estrellas de los medios de comunicación. Los hay ortodoxos y liberales, como también keynesianos y marxistas. Todos tratando de explicar el futuro económico/inflacionario del país. Con inagotables y poco entendibles teorías tratan de refutar el actuar del oficialismo. Los tarifazos están en el eje de estos cientistas sociales, y es, además, un punto donde todos se ponen de acuerdo: la suba de tarifas no disminuye en absoluto el déficit fiscal.

La utópica teoría de qué la liberalización del mercado regulará por si mismo los precios de la economía lejos esta de ser real, por lo menos en este país. En la ultima semana, bajo el ajuste brutal en jubilaciones, tarifazos en los transportes, suba de alimentos básicos y una inflación que se estima en el 4 por ciento en el mes de junio, el macrismo tuvo que salir a intervenir/disciplinar al Banco Central comandado  por Caputto, quién llegó para estabilizar la moneda y que por el momento lejos está de lograrlo (conflicto en puerta y que de alguna manera ratifica las asimetrías de poderes en relación al ejecutivo).

La pregunta clave es: ¿el gobierno aplica esta medidas a propósito en beneficios de intereses propios y concentrados o si directamente no le está encontrando la vuelta a los desajustes económicos? La consecuencia del fenómeno liberal ya se vio en la década del 90, no hay tutía en los inventos y proyectos de largo plazo. El país se está endeudando a niveles peligrosísimos y no se avizora, en lo pronto, una solución.

Por el momento solo queda esperar, resistir, y mostrar los desacuerdos en todo lo que consideramos una quita de derechos. Mientras tanto los economista seguirán rondando por la televisión, radios y revistas. Síntoma nada bueno para el país y sus habitantes.

 

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